La lectura promueve el desarrollo del lenguaje

por Susan Aisen

Cuando el libro “Cómo enseñar a leer a su bebé” de Glenn Doman fue publicado en 1963, en él se introducía el concepto de que los niños pequeños no sólo podían aprender a leer, sino que además les encantaba hacerlo.

Leer, por definición, es la habilidad para reconocer y entender el lenguaje escrito, una habilidad que miles de madres han regalado a sus hijos usando este libro. Para su sorpresa, simultáneamente les han enseñado a sus bebés a entender el lenguaje hablado más fácil y rápidamente.

Apenas necesitaríamos mencionar que los bebés aprenden español (o cualquiera que sea su lengua materna) por inmersión constante en el ambiente oral de ese idioma. Con el tiempo, las palabras y frases se vuelven familiares y son comprendidas si han sido repetidas con la suficiente frecuencia e intensidad en situaciones significativas.

Las conversaciones del día a día son un método errático para enseñar el idioma, pero eventualmente funciona a través de la continua repetición. El vocabulario de un bebé se incrementa simplemente por la exposición al lenguaje.

Las madres que enseñan a sus bebés a leer, sin embargo, mejoran grandemente la manera azarosa y desorganizada en que se adquiere el lenguaje. Las palabras de lectura deben de ser presentadas con buen volumen y claridad para que puedan llegar al cerebro y ser asimiladas. Los mensajes son reforzados cuando simultáneamente entran por dos vías: el camino visual y el camino auditivo.

Cuando la madre lleva a cabo un programa de lectura organizado, las palabras se presentan dos o tres veces en el mismo día, por cuatro o cinco días consecutivos.  De esta manera, el lenguaje ya no es dejado al azar. Y como el cerebro es un órgano altamente organizado, esta aproximación ordenada permite que el lenguaje sea aprendido con gran velocidad y eficiencia.

Conforme el programa de lectura se expande de palabras a frases, oraciones y libros, el vocabulario del bebé se expande de la misma manera, tanto en calidad como en sofisticación.

Cuando los mensajes familiares y las rutinas diarias son escritas y presentadas en letras grandes, refuerzan las palabras orales. Los libros caseros ilustrados con dibujos de colores o con fotografías de experiencias vividas continúan clarificando y fortaleciendo el lenguaje.

Las madres regularmente reportan que el vocabulario oral de sus niños se ha desarrollado en relación directa a su programa de lectura. Enseñarles pares de palabras anima a los niños a usar pares para expresarse él mismo. Más adelante, lo mismo sucede con las frases, oraciones y párrafos.

Una vez que el bebé ha disfrutado de muchas palabras, frases y libros sobre su ambiente, Mamá puede enriquecer su vocabulario al enseñarle términos descriptivos y añadiendo información más exótica.

La propia creatividad de la madre le de ideas para palabras y libros sobre la vida diaria,  y también pueden usarse libros de referencia y consulta, que la pueden ayudar a llegar a un nivel más alto para desarrollar el vocabulario de su niño. Las enciclopedias, digitales o no, son una fuente excelente para este propósito.

Cuando uno busca una palabra en la enciclopedia, se encontrará con una lista de varias palabras que tienen el mismo significado pero que son menos usuales. Con esta nueva información, un viejo libro casero puede ser revitalizado al sustituir el ordinario “Tommy come el desayuno” con “Tommy consume el desayuno” o “Tommy ingiere el desayuno”.  O, se puede crear un libro completamente nuevo, con el propósito específico de usar lenguaje extraordinario.  De esta manera, el vocabulario del niño  se expande, ¡así como también lo hace el de mamá y papá!

Idealmente, cada bebé debería de tener dos programas de lectura, desde que es muy pequeño. Uno, diseñado exclusivamente para él, usando letras grandes y un número limitado de palabras por página para promover la lectura independiente. el otro, igual de valioso para promover el desarrollo del lenguaje oral y escrito, es leerle libros entre la enorme biblioteca mundial de aventura, drama, poesía y prosa.

La poesía es particularmente buena para los niños, ya que el lenguaje ha sido elegido justamente por su belleza. Existen muchas colecciones excelentes de poesía. Algunas, escritas por un solo poeta, como Un Jardín de versos para los niños de Robert Louis Stevenson. Otras son analogías de varios poetas, como las editadas por Louis Untermeyer.  Además de ellas,  se pueden conseguir versiones ilustradas de los sonetos de Shakespeare, los cuales son elocuentes tesoros del lenguaje inglés que un niño disfrutará seguramente por muchos años.

Al leer literatura clásica a los niños, usando selecciones que estén más allá de su propia habilidad lectora, los padres estimularán el disfrute, la imaginación y comprensión del vasto y hermoso lenguaje de su cultura, tanto oral como escrito.

Cuando se elige qué leer a un niño, es buena idea seguir una guía, como por ejemplo, leer varios libros del mismo autor, leer varios libros de un cierto género (ficción, poesía, cuento) clásicos escritos en un periodo de la historia, o literatura de una parte específica del mundo.

Es escuchar estas lecturas tan sofisticadas promoverán la lectura independiente del niño y también desarrollarán su lenguaje. Los padres descubrirán que enseñar a leer a un niño y leerle a ese mismo pequeño, es el programa de lenguaje más dinámico posible.

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